lunes, 27 de enero de 2014

despedida

Querido lector frecuente o advenedizo:

Este blog, fracaso de microcuentos, muere y se reencarna en Pistola de Madera. Lo puedes encontrar en microficcion.org. Aparte de un diseño renovado y (espero) más y mejores cuentos, en PdeM podrás seguir leyendo la mayoría de los cuentos publicados en este blog.

Aparte de eso, mi idea es promover la microliteratura más generalmente -por ejemplo, recomendando a otros autores- a través de una página de Facebook, facebook.com/pistolademadera, y de mi cuenta Twitter, twitter.com/pistolademadera.

Para terminar, solo me queda agradecerte tu presencia cibernética por estas páginas.


sábado, 11 de enero de 2014

los vivos murientes




- Sabes que, si no es en esta partida, será en la siguiente - me dijo, socarrona, ella, la muerte, moviendo ficha.
- Sí, claro - contesté - Pero no te daré el gusto. A ti te gustaría que claudicara ahora. Te gusta tomarnos aun en vida; que seamos como tú no tiene el mismo interés. En el fondo, trabajos como este son un fracaso para ti: te desprestigian.
Se quedó silenciosa, mirándome con cara de directivo que apenas ha sobrevivido a un ERE.
- Qué quieres, es que ya no recibo comisión por los muertos vivientes. Ahora los muertos tienen que estar muy vivos. Si no, os multiplicáis, y, de alguna manera...
Sí, de alguna manera te vencemos, completé mentalmente, todo por no humillarla.
- ¿Partida nueva o me dejas irme de vacaciones?

jueves, 29 de agosto de 2013

el gato de la suelte


Eran cuatro los chinos que me rodeaban. Todos llevaban gabardina y sombrero. El más gordo mordisqueaba una pava de puro. Aquello tenía un aire a una peli de Bruce Lee, aunque en este caso dudaba de que alguna de mis patadas me sacara del apuro. Por fin el gordo tomó la palabra.

- ¿Pélez?....- leyó en mi DNI - Esta situación es embalazosa para todos.....sí, muy embalazosa...

Y tanto. Casualmente yo, Pélez, había dado con el lugar donde presumiblemente realizaban sus actividades sospechosas: una nave industrial con pinta de abandonada. Por eso me interrogaban ahora Fumanchú y sus tarugos.

- No sé pokee tuvo que folzal puelta -  continuó. 

- Mire, señor...

- Mi nomble no impolta. Llámeme Cal-los.

- Mire, señor...Carlos. Yo solo quiero saber dónde está mi gato. Le vi entrar en este edificio...

- ¿De veldá quiele vel a su gato?

- Pues...sí - dije, respirando hondo, mientras imaginaba los restos del pobre Coco macerándose en salsa agridulce.

No fue eso lo que vi al final de un laberinto de pasillos oscuros y cerraduras interminables, sino una escena que me dejó sin habla. Se trataba de un gran espacio abierto del tamaño de un campo de baloncesto, delimitado por arbustos de bambú y cascadas de aguas multicolores. Poblándolo, fila tras fila de gatitos de todos los tamaños, razas y colores, tratando de mantenerse de pie sobre las patas traseras y a la vez alzando su patita delantera. Todos saludaban a una inmensa estatua dorada de Maneki-Neko, el gato de la suerte chino, que presidía la congregación desde un pedestal adornado por flores y con una jaula de ratones vivos a su lado. Por supuesto, no fui capaz de reconocer a Coco, sin duda uno más de la secta.

- Ahora entiende usted por qué Coco no puede volver a casa - dijo Carlos, exhibiendo su sonrisa más educada, como el camarero que pide disculpas por no tener mesa libre.

Asentí con la cabeza.

- Qué pensaba, que los cocinamos en nuestros lestaulantes, jeje - me dijo, socarrón, dándome una palmadita en el hombro. Los tarugos se rieron a coro.
De pronto, su semblante se volvió serio.

- Confíamos en su discleción, Pélez. En caso contrario, nos velemos obligados a tomal medidas. Complendelá usted que la buena suelte y plosperidad de nuestla comunidad están en juego.

Volví a asentir, con la mirada perdida. ¿Por qué, Coco?

- Tome, le legalo este cheque de comidas, en señal de buena voluntad. Puede canjeal-los en el lestaulante Maneki-Neko, cerca de su casa. Le lecomiendo el pollo con almendlas, exquisito. Aquí tiene la taljeta. Y ahola, le acompaño hasta la puelta.


viernes, 23 de agosto de 2013

sábado negro



Sábado de agosto en Francia rodeados de franceses haciendo de franceses, aportando nuestra modesta participación de chapa, CO2 y mala leche al mosaico de vehículos atascados en un memorable embouteillage nacional. Samedi noir, titularían el día siguiente los periódicos: 828 kilómetros de atascos registrados. Y el nuestro, entre Chambéry y Lyon, ni siquiera era uno de ellos.

- Pero ¿cómo se te ocurre planificar el viaje en un sábado de agosto? -  me increpa ella, con poca fe, dando paso a un silencio largo.
- Coge esa autopista - ordena al fin, medio kilómetro después.
- Pero...si no va a ningún sitio, solo al aeropuerto de Lyon
- Por eso. Cojo el primer avión de vuelta a España.
- ¿Y nuestras vacaciones? ¿Y yo?
- Pues...puedes seguir haciendo de francés, o bien aparcar el coche en el aeropuerto y esperar. Ya verás como mañana lo ves todo de otra forma... hasta la autopista.


domingo, 28 de julio de 2013

tiempo de gigantes


"Había gigantes en la tierra en aquellos días", dice el Génesis. Yo los recuerdo: eran seres físicamente enormes, pero el exceso era más bien de otro tipo. Los gigantes de mi niñez nos colmaban de regalos, de meriendas generosas en el jardín de su casa, de invitaciones al parque de atracciones.

Con los años he llegado a pensar que los gigantes encogían: su grandeza no les hacía inmunes a disminuir en número, ni siquiera al divorcio entre sus miembros. La coyuntura económica hizo menguar la calidad de las invitaciones, y sus regalos adoptaron el inconfundible sello del hipermercado chino, pero ellos insistían en su magnanimidad aún a costa de privarse de comodidades básicas, ahora hacinados en un minúsculo apartamento, condenados a seguir siendo grandes.

"Éstos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre", anuncia de nuevo el Génesis, no sin razón.


lunes, 22 de julio de 2013

de vuelta

Pensé que sería más fácil llegado este momento. Me esfuerzo por mirarte, pero me cuesta reconocerte entre tantas arrugas. Tu rostro está demacrado, los labios agrietados. Demasiados días largos en preocupaciones y cortos de sueño. Hasta hoy.

El mundo ha cambiado, pero igual el mando a distancia desbloquea con suavidad las puertas de nuestro sedán. Buscando el contacto familiar de la tapicería, me cuesta hablarte. El motor arranca, previsiblemente, y nos encamina hacia nuestro destino: una casa algo más vacía sin Bill, que ahora estará sorteando cajas y maletas en su minúsculo apartamento universitario.

Es curioso: llevamos tiempo contemplando la paz en el horizonte, calculando que estaríamos ahí en un día como hoy.  Ahora, en silencio, comenzamos a sospechar que esta paz no es sino el presagio del mayor de los conflictos.





sábado, 13 de julio de 2013

carril bici

Era tiempo de elecciones, y el anunciado carril bici de la ciudad se inauguró a bombo y platillo: concejales, fotógrafos, familias enteras de vecinos devorando los canapés. Lo habían hecho para seducirles a ellos, sus votantes: profesionales de vida ordenada y hábitos predecibles, entre ellos el ejercicio una vez por semana. Por estas y otras cosas, el partido en el poder ganó las elecciones con mayoría absoluta.

Seguramente no previeron que, con el tiempo, el carril bici se iría convirtiendo en un punto de encuentro de todo tipo de elementos anti-sistema. Entre ellos Paco, jubilado andarín de rostro enjuto. (Camino para no quedarme parado, solía decir.) O Usta, hippie cuarentón que utilizaba el carril para surfear en su longboard tirado por su perro. Nerea, por su parte, meditaba si llevarse su título de ingeniera a Alemania mientras corría ipod en mano y me saludaba con la otra al verme jugando con María en el parque por la mañana.


Más aún: profesionales de vida ordenada y anti-sistema comenzaron a coincidir. Primero se saludaban con desconfianza, pero no tardaron en comenzar a hablar.

Pero ¿tú también tienes nietos? le preguntaban a Paco.

¿Me dejas ver la tabla? Yo  hacia skate hace unos años, en los noventa...

Pues...no sabes como te envidio, yo me perdí la niñez de mis hijos por alcanzar una mísera 
promoción, y poco después de alcanzarla lo perdí todo por un ERE...

Quizá lo más sorprendente de todo es que, a pesar de todo el bien que habían hecho, el partido en el poder perdió las siguientes elecciones.